viernes, 13 de mayo de 2011

DOS POEMAS DE WASHINGTON DELGADO













LOS PENSAMIENTOS PUROS
Señor rentista, señor funcionario,
señor terrateniente,
señor coronel de artillería,
el hombre es inmortal:
vosotros sois mortales.
Es curioso como la podredumbre
se adelanta a veces al cadáver.
Soportad vuestro olor, mostradlo
si queréis, poquito a poco.
Pero no habléis.
Señores, enseñad el trasero,
pero no lloréis nunca,
cierta decencia es necesaria
aun entre las bestias.
Pensad en el cielo, también
en las alas blancas
y en la música
de las arpas dulcemente
tocadas por vuestras dulces manos.
Pensad en vuestros libros de lectura, en las viudas
tísicas y abandonadas que ayudaréis con una
trompeta de oro.
Pensad en vuestros billetes, en los veranos junto al mar, en
la mucama rubia, en el amante moreno, en los pobres que besaréis
en la otra vida, en las distancias terrestres, en los cielos de almíbar.
Pensad en todo,
vuestros días sobre la tierra no serán numerosos.


LAS BUENAS MANERAS
Es peligroso caminar
con un nombre en los labios.
No digas nunca
España, Leningrado, muchacha,
querida tierra.
Aprende las buenas maneras de la vida,
la vida es silenciosa
y el silencio tiene numerosas palabras:
buenos dias, ha llegado el verano,
los precios suben
si los salarios suben, la patria espera
vuestro sacrificio, el señor presidente
deplora lo sucedido, los señores ministros
confían en el futuro, el feroz asesino
fue ajusticiado, Dios
bendiga a nuestro pueblo.
Viejas palabras dulces,
inútiles y tiernas
como almanaques viejos.
¿Para qué decir
España, Leningrado, muchacha,
tierra querida?
No camines con un nombre en los labios.

Video: Frank Sinatra, Fly Me To The Moon

viernes, 6 de mayo de 2011

EL CAPITALISMO SE ACABA/ ENTREVISTA A INMANUEL WALLERSTEIN

Entrevista de Antoine Reverchon Le Monde Traducido del francés por Germán Leyens

Firmante del manifiesto del Foro Social de Porto Alegre (“Doce propuestas para otro mundo posible”), en 2005, usted es considerado como uno de los inspiradores del movimiento altermundialista. Usted fundó y dirigió el Centro Fernand-Braudel para el estudio de la economía de los sistemas históricos y de las civilizaciones de la Universidad del Estado de Nueva York, en Binghamton. ¿Cómo sitúa la crisis económica y financiera actual en el “tiempo largo” de la historia del capitalismo”?


Immanuel Wallerstein: Fernand Braudel (1902-1985) distinguía el tiempo de “larga duración”, que ve la sucesión en la historia humana de sistema que rigen las relaciones del hombre con su entorno material, y, al interior de esas fases, del tiempo de los ciclos más coyunturales, descritos por economistas como Nicolas Kondratieff (1982-1930) o Joseph Schumpeter (1883-1950). Actualmente estamos evidentemente en una fase B de un ciclo de Kondratieff que ha comenzado entre hace treinta y treinta y cinco años, después de una fase A que ha sido la más larga (de 1945 a 1975) de los quinientos años de historia del sistema capitalista. En una fase A, el beneficio es generado por la producción material, industrial u otra; en una fase B, el capitalismo debe, para seguir generando beneficios, refinanciarse y refugiarse en la especulación. Desde hace más de treinta años, las empresas, los Estados y las economías familiares se endeudan, de modo masivo. Actualmente estamos en la última parte de una fase B de Kondratieff, cuando la decadencia virtual se hace real, y las burbujas revientan las unas tras las otras: las bancarrotas se multiplican, la concentración del capital aumenta, la desocupación progresa, y la economía conoce una situación real de deflación. Pero, hoy en día, ese momento de ciclo coyuntural coincide con, y por consecuencia agrava, un período de transición entre dos sistemas de larga duración. Pienso en efecto que hemos entrado después de treinta años en la fase terminal del sistema capital. Lo que diferencia fundamentalmente esa fase de la sucesión ininterrumpida de los ciclos coyunturales anteriores, es que el capitalismo ya no llega a “hacer sistema”, en el sentido en el que lo entiende el físico y químico Ilya Prigogine (1917-2003): cuando un sistema, biológico, químico o social, se desvía demasiado y demasiado a menudo de su situación de estabilidad, ya no llega a encontrar el equilibrio, y se asiste entonces a una bifurcación. La situación se hace caótica, incontrolable por las fuerzas que la han dominado hasta ese momento, y se ve aparecer una lucha, y no entre los poseedores y adversarios del sistema, sino entre todos los actores, para determinar lo que lo va a reemplazar. Reservo el uso de la palabra “crisis” a ese tipo de período. Ahora bien, estamos en crisis. El capitalismo se acaba.

¿Por qué no se trataría más bien de una nueva mutación del capitalismo, que ya ha conocido, después de todo, el paso del capitalismo mercantil al capitalismo industrial, después del capitalismo industrial al capitalismo financiero?

El capitalismo es omnívoro, capta el beneficio donde es más importante en un momento dado; no se contenta con pequeños beneficios marginales; al contrario, los maximiza constituyendo monopolios –ha probado de hacerlo últimamente una vez más en las biotecnologías y en las tecnologías de la información. Pero pienso que las posibilidades de acumulación real del sistema han llegado a su límite. El capitalismo, desde su nacimiento en la segunda mitad del Siglo XVI, se alimenta de la diferencia de riqueza entre un centro, en el que convergen los beneficios, y periferias (no necesariamente geográficas) cada vez más empobrecidas. Al respecto, la recuperación económica de Asia del Este, de India, de América Latina, constituye un desafío insalvable para la “economía-mundo” creada por Occidente, que ya no llega a controlar los costes de la acumulación. Desde hace decenios las tres curvas mundiales de precios de la mano de obra, de las materias primas y de los impuestos están en todas partes en una fuerte alza. El breve período neoliberal que se está terminando sólo ha invertido de modo provisorio la tendencia: a fines de los años noventa, esos costes eran ciertamente menos elevados que en 1970, pero eran mucho más altos que en 1945. De hecho, el último período de acumulación real – los “gloriosos treinta”- sólo fue posible porque los Estados keynesianos pusieron sus fuerzas al servicio del capital. ¡Pero en este caso también se llegó al límite!

¿Hay precedentes de la fase actual, tal como usted la describe?


Ha habido muchos en la historia de la humanidad, contrariamente a lo que refleja la representación, forjada a mediados del Siglo XIX, de un progreso continuo e inevitable, incluida en su versión marxista. Yo prefiero limitarme a la tesis de la posibilidad del progreso, y no a su carácter ineluctable. Por cierto, el capitalismo es el sistema que ha sabido producir, de manera extraordinaria y notable, el máximo de bienes y riquezas. Pero hay que considerar también la suma de las pérdidas que ha engendrado: para el medio ambiente, para las sociedades. El único bien, es el que permite obtener para el mayor número posible una vida racional e inteligente. Ahora bien, la crisis reciente similar a la actual es el derrumbe del sistema feudal en Europa, entre mediados del Siglo XV y del Siglo XVI, y su reemplazo por el sistema capitalista. Ese período, que culmina con las guerras de religión, vio el derrumbe de la influencia de las autoridades reales, señoriales y religiosas sobre las comunidades campesinas más ricas y sobre las ciudades. Fue entonces cuando se construyeron, mediante tanteos sucesivos y de modo inconsciente, soluciones inesperadas cuyo éxito terminó por “hacer sistema” extendiéndose poco a poco, bajo la forma del capitalismo.

¿Cuánto tiempo debería durar la transición actual, y en qué podría desembocar?


El período de destrucción de valor que cierra la fase B de un ciclo Kondratieff dura generalmente entre dos y cinco años antes de que se reúnan las condiciones de ingreso a una fase A, en las que se puede extraer nuevamente un beneficio real de nuevas producciones materiales descritas por Schumpeter. Pero el hecho de que esta fase corresponda actualmente a una crisis de sistema nos ha hecho entrar en un período de caos político en el cual los actores predominantes, a la cabeza de empresas y de Estados occidentales, van a hacer todo lo que sea técnicamente posible por volver encontrar el equilibrio, pero es muy probable que no lo logren. Los más inteligentes, ya han comprendido que había que establecer algo enteramente nuevo. Pero numerosos actores ya se mueven, de manera desordenada e inconsciente, para hacer emerger nuevas soluciones, sin que se sepa todavía qué sistema saldrá de esos tanteos. Nos encontramos en un período, bastante raro en el que la crisis y la impotencia de los poderosos dejan sitio al libre albedrío de cada cual: hoy existe un lapso de tiempo durante el cual cada uno de nosotros tiene la posibilidad de influenciar el futuro a través de su acción individual. Pero como ese futuro será la suma de una cantidad incalculable de esas acciones, es absolutamente imposible prever qué modelo terminará por prevalecer. Dentro de diez años, tal vez se vea más claro; en treinta o cuarenta años, habrá emergido un nuevo sistema. Creo que, por desgracia, es igual de posible que se presencie la instalación de un sistema de explotación aún más violento que el capitalismo, como que se establezca un modelo más igualitario y redistributivo.

Las mutaciones anteriores del capitalismo han terminado a menudo en un desplazamiento del centro de “la economía-mundo”, por ejemplo de la cuenca mediterránea hacia la costa Atlántica de Europa, y más adelante hacia la de Estados Unidos. ¿Se centrará en China el sistema por venir?


La crisis que estamos viviendo corresponde también al fin de un ciclo político, el de la hegemonía estadounidense, iniciada igualmente en los años setenta. EE.UU. seguirá siendo un actor importante, pero jamás podrá reconquistar su posición dominante frente a la multiplicación de los centros del poder, en Europa Occidental, China, Brasil, India. Un nuevo poder hegemónico, si uno de se refiere al tiempo largo braudeliano, puede tomar todavía cincuenta años para imponerse. Pero se ignora cual sería. Mientras tanto, las consecuencias políticas de la crisis actual serán enormes, en la medida en la que los dueños del sistema intentarán encontrar chivos expiatorios por el derrumbe de su hegemonía. Pienso que la mitad del pueblo estadounidense no aceptará lo que está sucediendo. Por lo tanto, los conflictos internos se exacerbarán en EE.UU., que está convirtiéndose en el país más inestable del mundo desde el punto de vista político. Y no hay que olvidar que nosotros, los estadounidenses, vamos todos armados... --------------

Immanuel Wallerstein, investigador del departamento de sociología de la Universidad de Yale, ex presidente de la Asociación Internacional de Sociología.



Video: Hermanos Arriagada, Nathalie

jueves, 5 de mayo de 2011

EL CONTACTO CON LA NATURALEZA AUMENTA LA SALUD HUMANA

Tras más de una década de investigaciones, científicos del Laboratorio de Paisaje y Salud de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos, han concluido que la naturaleza es un componente esencial para una buena salud y un factor influyente en el comportamiento humano. Según los investigadores, en zonas donde hay espacios verdes, la gente es más generosa y sociable y existen fuertes lazos de vecindad social y un mayor sentido de comunidad, más confianza mutua y una mayor voluntad de ayudar a los demás. En cambio, en entornos con menos zonas verdes, el índice de violencia, crimen y delitos contra la propiedad es mayor.

Por Amalia Rodríguez. Tomado de Tendencias 21

El color verde evoca la naturaleza, la calma, la armonía. También se relaciona con el bienestar, porque los espacios naturales aumentan nuestro potencial de salud y de buen carácter, señala un equipo de científicos del Laboratorio de Paisaje y Salud de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos, en un comunicado emitido por dicha universidad. Tras recabar información durante años e investigar la relación naturaleza-salud en diferentes regiones y en distintos segmentos de población, estos investigadores han llegado a la conclusión de que frecuentar zonas verdes, ya sean bosques, jardines e incluso zonas peatonales, hace que la gente sea más saludable, tienda a ser generosa, a confiar en los demás, y a mostrar mayor voluntad en ofrecer su ayuda. “Un paseo por el parque es más que una buena manera de pasar la tarde. Es un componente esencial para una buena salud”, asegura Frances Ming Kuo, responsable de la investigación y directora del Laboratorio de Paisaje y Salud, que lleva más de una década estudiando, junto con William Sullivan y Andrea Faber Taylor, el efecto de los espacios verdes en los seres humanos, con el fin de probar o refutar las nociones sobre tradicionales al respecto.

Kuo establece la relación entre la naturaleza y la salud en los humanos haciendo una analogía con los animales: "Así como las ratas y otros animales de laboratorio que viven en ambientes ajenos a su hábitat sufren alteraciones y trastornos que afectan a su funcionamiento social, a las personas les ocurre lo mismo". Entre las conclusiones de sus investigaciones, destacan observaciones como que “en los entornos más verdes nos encontramos con que la gente es más generosa y más sociables. Encontramos fuertes lazos de vecindad social y un mayor sentido de comunidad, más confianza mutua y la voluntad de ayudar a los demás. En cambio, en puntos donde hay menos zonas verdes, hemos comprobado que el índice de violencia, las acciones criminales y los delitos contra la propiedad - incluso después de controlar los ingresos y otros factores influyentes- son mayores. A todo ello hay que sumar que, "en estos ambientes, las personas sufren más soledad y cuentan con menor apoyo social”, matiza Kuo.

Diversidad de estudios Anteriormente, Kuo y su equipo habían analizado la relación entre la ausencia de un entorno natural y la irritabilidad, habían constatado asimismo la relación entre la exposición a la naturaleza y el autocontrol y la disciplina en niñas o habían estudiado la importancia del contacto con el medio en el desarrollo infantil, entre otros temas de interés. Ahora, los investigadores han expuesto una serie de conclusiones con las que se reafirman los beneficios de la naturaleza. Por ejemplo, señalan que el contacto directo con entornos naturales contribuye a un mayor rendimiento y produce un mejor funcionamiento cognitivo, además de potenciar más la auto-disciplina y el control de los impulsos. En definitiva, proporciona una mayor salud mental. Por el contrario, aquellas personas que no conviven con la naturaleza tienden a sufrir déficit de atención y síntomas de hiperactividad, sugirió un estudio previo, así como mayores tasas de trastornos de ansiedad y depresión. ”Si estos datos no son lo suficientemente convincentes”, dice Kuo, “lo es el hecho de que los impactos de los parques y entornos verdes en la salud humana van más allá de los beneficios psicológicos, porque ofrecen beneficios también para la salud física”.


Video: Juan Ramón, No soy digno de tí

miércoles, 4 de mayo de 2011

LA USURA ES A BASE DEL CAPITALISMO / LEONARDO CASTELLANI

Tomado de: cibernoticias EXPRESS (la cara oculta de las noticias)

Jesucristo no maldijo el dinero, como hicieron Proudhon, Papini o León Bloy: maldijo el mal uso del dinero, a los malos ricos y la adoración de dinero, al cual llamó el “ídolo inicuo, mammona inequitatis”: ídolo, porque lo idolatramos; inicuo, porque hacemos por él iniquidades (ustedes no, probablemente). Jesucristo sabía lo que era el dinero. ¿Qué es el dinero?

El dinero es un “ticket”, un boleto, como esos que nos dan en el autobús, solamente que en vez de procurarnos solamente un viaje en autobús, nos puede procurar todas las cosas, incluso la felicidad, según muchos creen. En sí mismo no vale nada, vale como signo. Un billete de mil pesos, hacerlo cuesta cincuenta centavos; y si no representara una cantidad de bienes (que en la Argentina va siendo menor cada vez) ni siquiera valdría cincuenta centavos: es un papel que no serviría para nada, ni siquiera para escribir una carta. Y sin embargo, el dinero se vende, se compra y se alquila, como si fuera una cosa en vez de un signo o símbolo. ¿Por qué? Porque además de signo es un instrumento; con dinero puedo comprar instrumentos y producir más bienes -además de comer y vestir. Si yo presto una azada, ¿puedo cobrar un alquiler por prestarla? Sí, porque no puedo trabajar con ella mientras la tiene el otro, y además la azada se gasta; y esto se llama el “interés” o renta. Pero si yo le exijo al prestatario de la azada que me dé todo lo que gane con ella, menos una pequeña suma para que pueda comer y seguir trabajando para mí, ¿es justo? Esto se llama usura, y es la base del actual capitalismo. ¿Y si yo monopolizo tadas las azadas que hay en la República Argentina, y entonces al que quiero le alquilo, al que no quiero no, y puedo cobrar el alquiler que se me antoja, o si se mueren de hambre? Esto se llama Gran finanza, o Alta finanza, o Capital Financiero: ¿No podemos dejar que la Alta finanza se coma las azadas y nosotros comer trigo? No, porque no podemos producir trigo con las manos.

La Alta finanza, que es poder oculto y formidable, opera por medio del sistema bancario moderno. El sistema bancario moderno está basado en una ficción, o digamos una estafa, pues abre la puerta a innumerables y enormes estafas. Pongamos un ejemplo típico: el primer banco moderno que se fundó fue el Banco de Inglaterra, modelo y maestro de todos los bancos. (Los italianos inventaron los bancos, pero los primeros bancos lombardos y genoveses eran relativamente decentes: prestaban azadas). El Banco de Inglaterra se fundó en esta forma: el rey Guillermo III necesitaba 1.220.000 esterlinas, y se las prestó un prestamista judío de Frankfurt llamado Rothschild, o sea, escudo rojo; con esta condición: el rey recibía esa cantidad en oro, y la debía a Rothschild; y Rothschild recibía autorización para emitir un millón y pico de billetes y préstamos; eso se llamó “el activo” del Banco. De modo que, ustedes ven, el dinero se ha multiplicado por dos: el rey tiene un millón y lo gasta; el Banco tiene otro millón y lo presta; y el rey sigue debiendo un millón de libras.

Como el dinero representa bienes (y si no, ningún valor tiene) y se ha multiplicado por dos, y los bienes no se han multiplicado por dos, los bienes cuestan ahora el doble; y ese aumento, que va a parar a los cofres Rothschild, lo paga el consumidor. Eso no es nada todavía: queda la llamada “reserva”. Los banqueros se dieron cuenta pronto que la gente que pone dinero en el banco, para que ellos lo vendan o alquilen, no lo saca de golpe, a lo más un 5 o 10% es exigido al banco habitualmente, contando lo que entra habitualmente. “Pongamos 20% para más segurirdad” -dice el banquero- “y podemos alquilar 80% más” -es decir, podemos prestar dinero que no existe, que le llaman “crédito”. Es decir que el banco presta y saca dinero del préstamo, no solamente por todo el activo que tiene sino por cuatro veces más de dinero que no existe y de bienes que no existen. Es decir, que si tiene veinte pesos depositados, que son reales, hace préstamos por cien pesos; y cobra interés. Es decir que no solamente fabrica dinero, sino que saca dinero del aire: “dinero fantasma”, no para los financistas ciertamente, sino para nosotros. ¿Por qué pueden hacer eso? Porque la gente cree y tiene experiencia de que si va a exigir su dinero al banco, el banco se lo da. Pero es un error: si toda la gente fuese conjuntamente a sacar su dinero, el banco no puede pagar; se produce un pánico, lo que llaman una corrida, y el banco quiebra; y los depositantes pierden su dinero o parte de él. (…) Pero, ¿no se pueden poner freno y riendas a los usureros de las Grandes finanzas? No se puede, ahora y aquí por los menos. La Gran finanza puede más que los gobiernos y los reyes -por lo menos de las naciones chicas y zonzas-, hace temblar a los políticos, e incluso puede provocar si quiere guerras internacionales. (…)

La Alta finanza presta capitales a los industriales y empresarios, que sin eso no se pueden sostener las grandes empresas industriales, necesarias hoy día; y les cobra intereses usurarios. Los industriales, para no fundirse, naturalmente, mandan esos intereses a los precios. Guerras para mantener “mercados”. Cuestión social: intranquilidad, amargura, angustia. Y así hemos llegado a este estado absurdo: escasez en medio de la abundancia; pobreza en medio de las riquezas; hambre en medio de la superproducción de alimentos; en 1933 en San Julián de la Patagonia se degollaron y quemaron sesenta mil carneros; y al mismo tiempo en la India aldeas enteras se morían de hambre ¡y en la Argentina también! Escasez artificial -y criminal. ¿Quién puede arreglar todo esto? Ahora, nadie. Solamente Cristo o el Anticristo pueden arreglarlo.

Ilustración:El cambista y su mujer, de Marinus Claeszon Van Reymerswaele


Video: Connie Francis: El novio de otra

viernes, 29 de abril de 2011

LOS PAÍSES MÁS FELICES REGISTRAN LAS MAYORES TASAS DE SUICIDIOS

Tomado de Tendencias 21

Un estudio realizado conjuntamente por investigadores de la Universidad inglesa de Warwick, el Hamilton College, y la Universidad de San Francisco revela que países europeos como Dinamarca, Islandia, Irlanda y Suiza, u otros situados en el continente americano, como Canadá y Estados Unidos, todos ellos considerados entre los más felices del mundo, son también los países donde más suicidios se producen.

Según los autores de la investigación, el nivel de felicidad de los demás sería un factor de riesgo de suicidio porque las personas descontentas que viven en lugares donde el resto de individuos son felices tienden a juzgar su propio bienestar en comparación con el de las personas que les rodean. Por Amalia Rodríguez Gómez. Fotografía: cheeky needle. Fuente: Everystockphoto.

Las ciudades y países considerados como los más felices del mundo son también los que registran las tasas más elevadas de suicidio. A esta conclusión, recogida en un comunicado, publicado por la Universidad de Warwick, ha llegado un grupo de investigadores de dicha universidad, del Hamilton College de Estados Unidos, y de la Universidad de San Francisco. Los científicos realizaron conjuntamente un estudio, con el que se pretendía documentar y analizar las causas de esta paradójica relación entre felicidad y suicidio.

Recientemente, la revista Forbes publicó una lista en la que se recogían los nombres de los diez países más ‘felices’ del mundo. Esta lista, basada en un estudio que, desde hace cinco años, elabora el Instituto Legatum de Londres, ha sido calificada como 'Índice de Prosperidad', y en ella han sido clasificados un total de 110 países, lo que cubre el 90% de la población mundial.

El presente estudio reveló que, curiosamente, los países que ocupan las primeras posiciones del ranking de Forbes, como Dinamarca, Canadá, Estados Unidos, Islandia, Irlanda y Suiza, entre otros, son también los que registran las tasas más altas de suicidio. Estos resultados han sido descritos en un artículo titulado "Contrastes oscuros: la paradoja de altas tasas de suicidio en lugares felices", que será publicado próximamente en el Journal of Economic Behavior & Organization. Posibles causas El profesor Andrew Oswald, de la Universidad de Warwick y responsable de la investigación explica que el origen de esta paradoja podría ser el siguiente: “Las personas descontentas pueden sentirse particularmente hastiadas de la vida en lugares felices.

Estos contrastes pueden incrementar el riesgo de suicidio. Si los seres humanos estamos expuestos a los cambios de humor, las comparaciones con los demás pueden hacer más tolerable nuestra existencia en un ambiente donde otros son completamente infelices”. . Hasta ahora, el índice de suicidios en países nórdicos se había atribuido a las características particulares del propio país, como por ejemplo, las escasas horas de luz solar en invierno. Además, también se había apuntado a las diferencias culturales y a las actitudes sociales en relación con la felicidad y el modo de concebir la vida. Pero otro factor también influiría.

Como afirma Stephen Wu, del Hamilton College: “Los resultados obtenidos son consistentes con los de otra investigación que demostró que la gente evalúa su propio bienestar a partir de las comparaciones con las personas que les rodean. Este tipo de efectos comparativos también han sido constatados en referencia a ingresos, desempleo, delincuencia y obesidad”. Profundizando a nivel local Para profundizar aún más en su investigación, y confirmar la relación entre los niveles de felicidad y las altas tasas de suicidio en una misma zona geopolítica, el grupo de investigadores midió y relación dos grupos de variables -nivel de satisfacción vital e índice de suicidios- en el Distrito de Columbia y en los 50 estados de los Estados Unidos, país en el que, según señala la introducción del estudio, cada año se registran más muertes por suicidio que por accidentes de automóvil. Con ello, querían determinar si los antecedentes culturales, las instituciones nacionales, el idioma y la religión que conviven en un mismo país influyen o no en esta relación directa entre felicidad y suicidio.

El resultado por localidades fue el mismo que el obtenido por países: se comprobó que en aquellas ciudades donde viven personas satisfechas con sus vidas tienden a tener mayores tasas de suicidio que aquellas con niveles de satisfacción medio-bajo en cuanto a calidad de vida. Según la tabla de datos obtenida en este caso, Hawai sería el estado estadounidense que registra niveles de felicidad más altos entre sus habitantes (segunda posición), y en cambio, es el quinto -de un total de 50 estados- en número de suicidios. Nueva York, por su parte, situado a la cola de los estados con mayor satisfacción de vida –posición 45- registra la menor tasa de suicidio del país, justo por detrás del Distrito de Columbia. Para llevar a cabo esta comparativa, los investigadores crearon dos bases de datos con las que recopilaron, por un lado, información a nivel individual facilitada por 1,3 millones de estadounidenses, y por otro, las decisiones de suicidio entre una muestra independiente y aleatoria en la que participaron alrededor de 1 millón de ciudadanos de los Estados Unidos.

Asimismo, analizaron datos microeconómicos sobre el bienestar y el suicidio. A modo de conclusión, los autores del estudio señalan que “los seres humanos pueden construir sus normas mediante la observación del comportamiento y los resultados de otras personas, y tienden a juzgar su propia situación con menos dureza cuando ven a otras personas con resultados similares a los suyos”. La altitud geográfica, otro factor de riesgo En la misma línea de esta investigación, un análisis de datos sobre mortalidad realizado anteriormente en 2.584 condados de Estados Unidos, datos que fueron recopilados durante 20 años por especialistas de diversos centros médicos del país, ha revelado que vivir en altas altitudes puede ser un factor de riesgo de suicidio. Según los autores de la investigación, de la que se hizo eco Tendencias 21, ésta ha sido una constatación inesperada.

La causa por la que las personas que viven en zonas de altitudes altas, es decir, en lugares de cierta altitud geográfica (altas montañas, etc.), se suicidan más que las que viven en otras regiones sigue siendo aún desconocida.

martes, 26 de abril de 2011

PROVERBIOS CHINOS (PRIMERA PARTE)

"Al comer retoños de bambú, recuerda al hombre que los plantó."

"Ama a tus vecinos, pero no te deshagas de la cerca."

"Ámame cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito."

"Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa."

"Aprender sin pensar es inútil, pensar sin aprender peligroso". (Confucio)

"Apúrate lentamente."

"Cuando Dios desea enviar un desastre sobre una persona, primero le envía un poco de suerte para que goce y ve si puede recibirla de una manera decorosa. Cuando Dios desea enviar bendiciones sobre una persona, primero le envía un poco de desventuras para ver cómo puede soportarlas."

"Cuando el dinero habla, la verdad calla."

"Cuando llegues a la última página, cierra el libro."

"Cuando el genio apunta a la Luna, el tonto se queda mirando el dedo."

"Cuando te inunde una enorme alegría, no prometas nada a nadie. Cuando te domine un gran enojo, no contestes ninguna carta."

"Cuando tres marchan juntos tiene que haber uno que mande."

"Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé."

"Disfruta la vida, es más tarde de lo que crees."

"El agua hace flotar el barco, pero también puede hundirlo."

"El árbol más fuerte y frondoso vive de lo que tiene debajo."

"El bien que hicimos en la víspera es el que nos trae la felicidad por la mañana..."

"El corazón jamás habla, pero hay que escucharlo para entender."

"El dragón inmóvil en las aguas profundas se convierte en presa de los cangrejos."

"El hombre que no sabe sonreír no debe abrir la tienda."

“El jade necesita ser tallado para ser una gema."

"El perro en la perrera se rasca las pulgas; el perro que caza no las siente."

"El que comete un mal y tiene temor de que se sepa, posee todavía una semilla de bueno dentro de su maldad; pero el que hace un bien y está ansioso de que se enteren, tiene todavía una raíz de mal en su bondad."

domingo, 24 de abril de 2011

EL AGUA DEL PARAISO /ANONIMO ARABE

Un beduino seco y miserable, que se llamaba Harith, vivía desde siempre en el desierto. Se desplazaba de un sitio a otro con su mujer Nafisa. Hierba seca para su camello, insectos, de vez en cuando un puñado de dátiles, un poco de leche: una vida dura y amenazada. Harith cazaba las ratas del desierto para apoderarse de su piel y hacía cuerdas con las fibras de las palmeras, que intentaba vender en las caravanas. Sólo bebía el agua salobre que encontraba en los pozos enfangados. Un día apareció un nuevo río en la arena. Harith probó aquella agua desconocida, que era amarga y salada, e incluso un poco turbia. Pero le pareció que el agua del verdadero paraíso acababa de deslizarse por su garganta. Llenó dos botas de piel de cabra, una para él y otra el califa Harun al-Rasid, y se puso en camino hacia Bagdad. A su llegada, tras un penoso viaje, le contó su historia a a los guardias, según la práctica establecida, y fue admitido ante el califa. Harith se postró ante el Comendador de los Creyentes y le dijo: -No soy más que un pobre beduino, ligado al desierto donde el destino me ha hecho nacer. No conozco nada más que el desierto, pero lo conozco bien. Conozco todas la aguas que allí se pueden encontrar. Por eso he decidido traértela para que la pruebes. Harun al-Rasid se hizo traer un cubilete y probó el agua del río amargo. Toda la corte lo observaba. Bebió un buen trago y su rostro no expresó ningún sentimiento. Se quedó pensativo un instante y entonces con fuerza repentina pidió que el hombre fuera llevado y encerrado, con la orden estricta de que no viese a nadie. El beduino, sorprendido y decepcionado, fue encerrado en una celda. -Lo que nada es para nosotros lo es todo para él. Lo que para él es el agua del Paraíso no es más que una desagradable bebida para nosotros. Pero tenemos que pensar en la felicidad de ese hombre -dijo el califa a las personas de su entorno, curiosos por su decisión. Al caer la noche hizo llamar al beduino. Dio la orden a sus guardias de que lo acompañasen de inmediato fuera de la ciudad, hasta la entrada del desierto, sin permitirle ver ni el río Tigris ni ninguna de las fuentes de la ciudad, sin darle otra agua que la suya para beber. Cuando el beduino se iba del palacio en la oscuridad de la noche, vio por última vez al califa. Éste le dio mil monedas de oro y le dijo: -Te doy las gracias. Te nombro guardián del agua del Paraíso. La administrarás en mi nombre. Vigílala y protégela. Que todos los viajeros sepan que te he nombrado para tal puesto. El beduino, feliz, besó la mano del califa y regresó rápidamente a su desierto